Sabores artesanales para compartir

Tres estilos de cerveza artesanal,

producidos con la experiencia y dedicaciòn que solo casa Elfo pudo crear para ti

  • Elder Scrolls
  • Asuryan
  • Magia Negra
  • Elder Scrolls

    Deslizándose por las paredes del vaso hasta el fondo, con un profundo brillo caoba que genera una espuma amarronada sobre la cerveza. En nariz rápidamente se descubren notas de granos tostados y de chocolate dulce semi amargo. De aromas suaves, redondo, con finos toques a café, con un dejo cremoso y fresco, los lúpulos utilizados denotan un estilo seco americano con algunos dejos ingleses que mantienen el estilo clásico de las Cream Stouts, este estilo de cerveza es reconocida como una cerveza alimenticia, siendo consumidas comúnmente por madres en períodos de lactancia para ayudar a la producción de leche materna. No por ello deja de ser consumida normalmente por ser sumamente disfrutable de beber, siendo un agregado sus aportes alimenticios.

  • Asuryan

    Caracterizada por su color dorado intenso y su amargor fino y refrescante. Los finos lúpulos utilizados durante su preparación agregan un carácter cítrico que nos recuerda el olor de la cascara del limón o naranja en contraste con el suave dulzor de las mejores maltas importadas, en el fondo del líquido podrás notar una ligera sensación de avellana y almendra. Esta cerveza se disfruta mejor al servirla en copa tulipa ya que resalta sus notas de fondo, el color de su líquido y permite obtener 2cm de espuma en el borde, lo cual permitirá que la cerveza se consuma de la mejor forma posible extrayendo su olor, color y amargor.

  • Magia Negra

    La cerveza Porter de Elfo tiene como características principales el color negro intenso, la espuma cremosa color tabaco y su aroma a café torrefacto. Su paso por la boca es limpio y rápido dejando al final un sabor suave a regaliz amargo muy agradable. Los lúpulos utilizados son finos tipo inglés y sus características otorgan un olor y sabor semi seco para denotar los aromas a café y a chocolate. Esta cerveza se disfruta mejor al servirla en un vaso estilo pinta ya que puede resaltar sus notas de fondo, el color de su líquido además de obtener 3cm de espuma en el borde de la misma, lo cual permitirá que la cerveza se consuma de la mejor forma posible extrayendo su olor, color y amargor.

Una historia en cada barril

Demo
Historia de la cerveza artesanal

Vamos a hacer un pequeño vuelo histórico, para llegar lo más rápido posible a la etapa de las cervecerías industriales y a lo que ha ocurrido luego.

La actividad cervecera, como muchas otras, encontró las explicaciones científicas de los procesos ya conocidos, gracias a una suerte de deconstrucción hecha a posteriori. Se supone que las primeras cervezas se han producido gracias a una combinación de ciertos accidentes, (en el almacenado de granos y en la elaboración de pan) con el perfeccionamiento mediante ensayo y error de las técnicas utilizadas para elaborarla.

Desde la época de los antiguos egipcios, hasta el siglo XV, la cerveza fue cambiando paulatinamente. Los años posteriores a este siglo fueron decisivos para la existencia del producto que conocemos hoy en día. Entre los primeros cambios, las cepas de levaduras con las que era elaborada, fueron "domesticadas" y los "gruits", las hierbas con las que se la combinaba, le dieron su propio carácter y nombre en cada región.

Podemos decir que hubo dos grandes modificaciones que cambiaron el rumbo de esta historia: El hallazgo de la levadura Lager, y la introducción del lúpulo dentro del canon cervecero. Hasta el siglo VIII el lúpulo, si bien era utilizado en diversas preparaciones, en general medicinales; no era un ingrediente preferido ni utilizado en gran escala para las cervezas. De a poco, esta especie devoradora de árboles —"Humulus Lupus" o sea "lobo de la madera"—, logra imponerse hasta ser verdaderamente indispensable.

Existen documentos del siglo XI, donde se asienta que las recetas cerveceras de la época eran en general de mujeres, mencionaban que su utilización garantizaba una mejor conservación de la cerveza. Se sabe que los monjes también lo utilizaban, pero a menudo el secretismo de las recetas impidió que nos llegue bien documentada esta información. Hacia el siglo XII podemos decir que el lúpulo había desplazado completamente a los Gruits. De todos modos, los Gruits siguen existiendo en algunas cervezas actuales, compartiendo su espacio en las recetas de cervezas de tipo belga junto al lúpulo. En efecto: el regaliz, el enebro, la salvia, el jengibre, la nuez moscada y el clavo de olor, nos siguen acompañando en nuestras cervezas más especiales; aunque casi no existieron durante el monopolio de la industrialización masiva.

¿Por qué el lúpulo es tan importante en esta historia?

Sin lúpulo, la cerveza es un producto de consumo interno de familias ricas y de abadías. La existencia del lúpulo permite estabilizar el producto, y esa estabilidad permite el surgimiento de tabernas cerveceras y bares.

En 1516, la aún vigente "ley de la pureza", establece que las cervezas alemanas, para ser consideradas como tales, sólo deben contener agua, maltas —al principio sólo de cebada—, levadura y lúpulo. Esta ley documenta definitivamente la instalación del lúpulo como ingrediente esencial en las cervezas del norte de Europa. La aceptación inglesa de este ingrediente se demoró algo más, ya que aún las cocciones puertas adentro, eran más habituales que los bares. En América, recién podemos encontrarlo a partir del siglo XVII, lo que nos muestra el paralelismo entre lúpulo, la estabilidad del producto, y la comercialización.

Las únicas cervezas que poseían una calidad pareja, provenían de monasterios en los que el ambiente donde se fermentaban las cervezas era muy especial. Las abundantes cocciones de los monjes, necesitaron de habitaciones especialmente acondicionadas para la fermentación. Hoy sabemos que esos ambientes, conservan en sus muebles, techos y paredes, la suficiente biomasa como para garantizar la homogeneidad de la cepa dominante por sobre otros microorganismos indeseables. Hasta las levaduras salvajes utilizadas por estos monjes, ya tienen asentado su propio ecohábitat. Mientras tanto, en los bares y fábricas, la calidad de las cervezas era más dispareja. Todo cambió cuando a los maestros cerveceros en Dinamarca, se les ocurrió jugar con el factor temperatura. Así descubrieron que trabajando con temperaturas frías, la calidad de la cerveza mejoraba. Aunque no conocieran las razones técnicas de este éxito, podían verificar que las contaminaciones y sabores indeseados eran menos abundantes.

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